En muchos restaurantes pequeños, todo el personal usa la misma cuenta o la misma clave para entrar al sistema — o directamente no hay ningún sistema y todo se coordina de palabra. Funciona mientras el equipo es chico y todos se conocen, pero en cuanto rota el personal (algo normal en el gremio) o crece el turno, empiezan las preguntas sin respuesta clara: ¿quién abrió la caja hoy? ¿quién marcó ese pedido como entregado sin que el cliente lo haya recibido?
Los tres roles típicos de un restaurante
- Mesero. Necesita ver las mesas y tomar pedidos rápido. No necesita (ni debería poder) abrir o cerrar la caja del día.
- Cocina. Necesita ver los pedidos que van entrando y marcar cuándo empieza y termina cada uno. No necesita ver mesas ni caja — solo la comandera.
- Cajero. Necesita abrir y cerrar la caja, registrar movimientos de efectivo y ver el resumen del día. No necesita editar el menú ni gestionar el personal — eso queda para el dueño.
Por qué el PIN es más práctico que una contraseña
Pedirle a cada mesero que memorice un correo y una contraseña larga no encaja con la realidad de un turno de comida: manos ocupadas, rotación de personal, gente que entra y sale del negocio con frecuencia. Un PIN corto y numérico, asignado por el dueño desde su panel, resuelve lo mismo con menos fricción — y si alguien deja de trabajar en el restaurante, el dueño simplemente desactiva ese PIN sin tener que cambiarle la clave a nadie más.
Lo que gana el dueño con esto
Trazabilidad real: cada acción queda asociada a quién la hizo, no a "alguien del turno de la noche". Eso no es para desconfiar del equipo por defecto — es para que, el día que sí haya un descuadre o un reclamo de un cliente, haya cómo revisar qué pasó en vez de preguntarle a todo el mundo a la vez.
En CLIK, el dueño crea el personal desde su panel y le asigna un rol (mesero, cocina o cajero) con acceso por PIN — cada uno ve solo lo que necesita para hacer su parte del trabajo.
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